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Esperanza, la acción y el progreso

Vivir con la esperanza de que las cosas pueden mejorar, te permite mantenerte orientado al progreso y eventualmente obtener éxito. Es así, porque la esperanza motiva la acción capaz de producir un cambio deseado, generando una consecuencia importantísima llamada experiencia. Veamos entonces la relación que existe entre la esperanza, la acción y el progreso

La experiencia te permite recordar bajo cuales condiciones puedes obtener ciertos resultados. A partir del análisis de estos resultados, puedes plantear hipótesis para anticipar los posibles resultados ante otras condiciones. De esta manera, una persona con esperanza se atreve a realizar un ensayo más para probar su tesis. Por lo cual es posible acumular experiencia.

A mayor experiencia, mejor será la capacidad de realizar ensayos y la precisión para estimar o predecir resultados. Cada ensayo va aportando información y resultados, agregando valor en el proceso de mejorar. Entonces, es cuando surge el progreso, porque dejas de repetir ensayos cuyos resultados conoces. Por el contrario, pruebas con nuevas condiciones cuyos resultados ignoras a priori, pero anticipas con mejor precisión.

¿Progreso sin esperanza?

Suena a método científico y casi lo es, faltaría agregar el registro de resultados y su divulgación. De esta manera se facilita la continuación de la investigación para otros. Sin embargo, lo que quiero resaltar aquí, es la necesaria disposición a ensayar con cambios, para poder progresar. Por su puesto, con desesperanza o desespero, también puede ocurrir el cambio. No obstante será un cambio más ajeno a nuestro control y con resultados potencialmente indeseados.

Es por eso que la esperanza también es una responsabilidad. Porque sin esperanza entonces el curso de los acontecimientos seguirá un camino tan complejo de comprender como el propio caos. Situación probablemente evitable si tomas el control en tus ensayos, asumiendo además sus consecuencias. No obstante, la falta de acción tiene por consecuencia que el cambio esté fuera de tu control. De esa inacción, también debes asumir las consecuencias. No hay escape, la esperanza es una responsabilidad.

Tener esperanza, tampoco debe confundirse con la certeza de que ocurrirá el cambio deseado. Es decir, con esperanza hay incertidumbre de los resultados, pero lo importante es la disposición de controlar el cambio. Ya lo habrás escuchado, «lo único constante es el cambio», en otras palabras el cambio es inevitable. Por lo tanto, la esperanza es la responsabilidad de controlar el cambio para progresar.

Distinción entre el optimismo y el realismo

Guacamayas en Venezuela
Guacamayas en Venezuela

Debido a lo anterior, vale la pena hacer distinción entre el optimista y el realista. El optimista tiene una mayor tendencia a ver de manera favorable las circunstancias. Por lo tanto, tiende a poseer una expectativa favorable de los resultados. Mientras que un realista procura ser objetivo, sin sobreestimar los posible resultados favorables, porque también ha considerado los riesgos potenciales.

En consecuencia, la esperanza es un compromiso por accionar esfuerzos en ser mejores. Mejor estudiante, mejor empresario, mejor hijo, mejor carpintero, mejor empleado, mejor padre, etc. No importa cual sea tu rol, desear cambiar es necesario para mejorar. Siempre seremos imperfectos pero perfectibles, por eso el mejoramiento es continuo. Ojo, manteniendo los pies sobre la tierra.

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